De ayudar a verse bien, a acompañar a estar bien
Mi camino no empezó en una consulta. Me licencié en Protocolo
y Relaciones Institucionales y durante años me dediqué a la
asesoría de imagen y al protocolo: acompañaba a personas a preparar
los momentos importantes de su vida (una boda, un cargo, un
escenario) y a mostrar su mejor versión ante los demás.
Fue un oficio precioso que me enseñó algo que ninguna escuela enseña:
a mirar de verdad a las personas. Y mirando aprendí
lo que había debajo. La ejecutiva impecable que no se creía suficiente.
El orador brillante con un miedo antiguo agarrado al estómago. Personas
magníficas por fuera cargando pesos invisibles por dentro, repitiendo
los mismos tropiezos con distinto decorado.
Entendí que yo trabajaba en la superficie de algo que pedía
profundidad. Que podía ayudar a alguien a parecer seguro, y
quedarme con las ganas de acompañarle a estar en paz. Esa
inquietud no se fue; creció hasta convertirse en decisión. Empecé a
formarme, a estudiar el trabajo con la memoria emocional, y encontré
en la terapia regresiva, en la
línea del Dr. Cabouli, la herramienta que le faltaba a mi manera
de mirar.
Hoy acompaño procesos de Terapia de Patrones
Inconscientes: el trabajo de ir al origen de lo que se repite.
Sigo haciendo lo mismo que hice siempre, ayudar a las personas a dar
su mejor versión, solo que ahora esa versión no se pone por fuera. Se
encuentra dentro.