Cómo preparar tu primera sesión de terapia regresiva
La buena noticia: tu primera sesión no requiere casi ninguna preparación. No hay que estudiar, no hay que “saber meditar”, no hay que llegar con los deberes hechos. Aun así, hay cinco cosas pequeñas que ayudan a que la sesión rinda más, y dos o tres mitos que conviene soltar antes de venir. Aquí va todo, en cinco minutos de lectura.
Antes de nada: ya habremos hablado
A mi consulta no se entra “a ciegas”. Antes de la primera sesión siempre hay una llamada de valoración gratuita donde me cuentas qué se repite o qué te pesa, te explico cómo trabajo y decidimos juntas si tiene sentido empezar. Así que el día de la sesión no llegas a un examen: llegas a una conversación ya empezada.
Las cinco preparaciones que sí ayudan
1. Duerme razonablemente bien
No hace falta una noche perfecta (si las tuvieras, quizá no estarías leyendo esto). Pero llegar sin un agotamiento extremo ayuda: la relajación profunda con mucho sueño acumulado tiende a convertirse en siesta, y aunque sería una siesta estupenda, venimos a otra cosa.
2. Come ligero, no vengas en ayunas
Lo ideal es una comida normal un par de horas antes. Ni el estómago rugiendo ni la digestión pesada: las dos cosas compiten por tu atención, y tu atención es la protagonista de la sesión.
3. Ropa cómoda, de verdad
Vas a pasar un buen rato recostada. Cualquier cosa que apriete, marque o pique acabará hablando más alto que tu memoria emocional. El dress code de mi consulta es “tarde de domingo en casa”.
4. Resérvate la tarde (o la mañana)
Una sesión completa dura entre dos horas y dos horas y media, y al salir se agradece un rato de transición: un paseo tranquilo, un café sin prisa. Intenta no encadenar la sesión con una reunión importante o con recoger a los niños en quince minutos. El proceso sigue asentándose unas horas más.
5. Trae un tema, no un guion
La única preparación de fondo: saber qué te gustaría trabajar. No necesitas la historia completa ni las causas (¡buscarlas es mi trabajo!): basta un “esto se me repite”, “esto me pesa”, “esto no me lo explico”. Con una frase es suficiente.
Lo que conviene soltar antes de venir
El miedo a “no hacerlo bien”. En una regresión no hay manera de hacerlo mal. Hay personas que ven escenas nítidas, otras que sienten emociones o sensaciones, otras que “saben” cosas sin imágenes. Todas las vías valen y ninguna es mejor que otra.
La expectativa de la película perfecta. A veces la primera sesión es espectacular; a veces es más silenciosa y el movimiento se nota los días siguientes. Los procesos profundos no siempre hacen ruido al abrirse.
El miedo a perder el control. Lo repito siempre y lo repetiré aquí: no es hipnosis. Estás consciente, recuerdas todo y puedes parar en cualquier momento. Tú llevas el timón; yo llevo el mapa.
Si tu sesión es online
Todo lo anterior aplica, más tres detalles logísticos: un espacio privado donde nadie te interrumpa (con sofá o cama donde recostarte), auriculares con micrófono y el móvil en silencio. En la página de sesiones online tienes la lista completa.
El día después
Bebe agua, date un paseo, escribe si te apetece. Es normal sentir cansancio dulce, emociones que se recolocan o recuerdos que asoman: es el proceso asentándose. Y para eso también estoy: los días posteriores a la sesión me tienes disponible por WhatsApp para lo que necesites comentar.
¿Lista para ponerle fecha? La llamada de valoración es gratuita y sin compromiso. Y si todavía tienes dudas, las preguntas frecuentes responden casi todo lo demás.